Hoy se nos acercó una señora y nos pidió que si le podía dar un beso a JAN.
Fue una sensación extraña, pero a la vez bonita.
Fue extraña porque sentí que le daba pena y fue bonita porque de alguna manera se quedó prendada de JAN.
Ahora que ya han pasado cuatro años hecho la vista atrás y me doy cuenta de lo mal que lo pasaba pensando si la gente se daría cuenta de que mi hijo tenía síndrome de Down, y lo mucho que me preocupaba lo que los demás pensaran.
No podía nombrar a mi hijo sin contar que tenía síndrome de Down, por ejemplo. Era una necesidad.
Ahora todo es más fácil, más natural. Prácticamente no pienso en ello, voy relajado… Por eso cuando sucede algo como lo de hoy, me llama tanto la atención.
Lo que está claro es que JAN sigue enamorando y emocionando.
🙂







