Este pasado fin de semana fuimos a un concierto de piano y violín para niños que hacía nuestra amiga Ingrid.
Ingrid tiene un hijo precioso con síndrome de Down que se llama DARÍO.
Llegamos justo cuando iba a empezar, se apagaron las luces y JAN se puso nervioso.
Tanta gente, la oscuridad y el sonido de los altavoces le descolocó. No paraba de quejarse, le tuvimos que sacar fuera. Allí se calmaba y señalaba hacia dentro, pero era volver a entrar y se ponía de los nervios, sin parar de quejarse. ¡Y entonces otra vez para fuera!
Cuando encendieron las luces para que los niños participaran, JAN se fue calmando, aunque le costó bastante.
Al final del espectáculo Ingrid nos dejó subirnos al escenario y JAN se lo pasó bomba gateando y tocando los pequeños instrumentos.
La verdad que pese a las quejas fue una bonita experiencia, tenemos que llevarle a más espectáculos de niños para que se vaya acostumbrando.

