…bajo el cielo estrellado caminaba entre la espesura de la noche. La temperatura era agradable, la brisa acariciaba sus mejillas. Quedaban pocas horas para que terminara el año. Había ido a por leña, en el hogar le esperaban sus seres queridos.
Se sentía en calma, en paz. Se sentía vivo.
Aquel hombre deseaba poder sentirse siempre así, le hubiera gustado parar el tiempo y permanecer en ese estado de calma eternamente. Sabía que la vida era complicada y que durante el año que recién terminaba, había vivido momentos hermosos, pero también tristes y difíciles.
Cerró los ojos, respiró profundamente y pensó que nada ni nadie podían quitarle aquellos instantes bellos. Recapacitó y fue consciente de que aunque fuera difícil mantenerse en ese estado, si vivía el instante presente, la felicidad de aquel momento nadie se la podría usurpar.
Entonces abrió la puerta de su hogar y entró con una sonrisa pletórica…
¡¡¡TE AMAMOS JAN!!!
Aquí va la añorada foto de la pajarita… 🙂





