Alguna vez he contado que cuando yo tenía 18 años hice la objeción de conciencia con personas con discapacidad, entre ellos había chicos con síndrome de Down.
Nunca olvidaré aquellos momentos. Para mi era fascinante el encuentro con estos chicos, salía con muchísima energía de allí y me sentía vivo.
Recuerdo que me llamaban especialmente la atención las personas con síndrome de Down. Había una chica muy jovencita que era simpatiquísima… decía que yo era su novio. 🙂
Pues la vida es así de imprevisible, resulta que después de los años nace mi hijo JAN, con síndrome de Down.
Al principio me ayudó mucho que no fuera algo desconocido para mi.
Es curioso porque pese al contacto que tuve con la trisomía 21, lo que nunca había visto era un bebé con síndrome de Down, ni siquiera en foto.
Por eso me parece tan importante que haya campañas como «Más Allá de un Rostro» en la que se muestran fotos de niños y bebés con síndrome de Down, personas que también formarán parte del futuro de nuestro país.
Y que hermoso será un futuro en el que haya cabida para el amor, la convivencia, la igualdad, la comprensión, el respeto, la tolerancia… porque para mi convivir con personas discapacitadas ayuda a aprender todos estos valores… por eso me parece tan importante la integración en los colegios.