El otro día en la Fundación conocí a un chico con síndrome de Down que me dejó sorprendido…
Era simpático, provocador, burlón, rápido, divertido, gamberro…
Nos gastaba bromas sin parar, era muy rápido con las palabras y tenía una gran capacidad de reacción, incluso me quedé cortado por momentos.
Yo estába con Javi, el primo argentino de Mónica.
El chico se puso a imitar el acento argentino, burlándose de Javi. Nos bromeaba con los equipos de fútbol, nos decía frases como: ¡Yo no hablo con extraños! ¡Tú no eres mi padre!
Todo el rato con un toque muy divertido.
Cuando me vio con JAN dijo: ¡Yo creo que se ha hecho caca!
Luego nos llamaba «Los Canguros».
Sabía muchísimo de fútbol y tenía un gran nivel cognitivo.
Siempre que puedo intento tener contacto con adolescentes que tienen síndrome de Down. He de reconocer que en algunos momentos me siento algo extraño, sobre todo por la sensación de no poder imaginar a JAN de mayor así. Es como si mi hijo no tuviera nada que ver con ellos, supongo que esto también les pasará a otros padres.
Pero tienen algo que me atrae, algo que me fascina una y otra vez…