Tras la brillante idea de la profesora de JAN de que saliera gateando desde el aula hasta el carrito cuando le fuéramos a recoger, no ha habido día que Mónica no lo hiciera.
Se arma de paciencia y acompaña a su hijo para que consiga el objetivo.
Suele tardar unos 15 minutos en llegar. Se para, se distrae, se vuelve a parar, saluda, tira besos, se va a investigar hacia otros lados… y por fin llega.
Hoy en casa, tras el consejo de Mónica probé a bajarle al parquecito de la comunidad gateando. Entró en el ascensor, salió del portal y al final llegó… eso si, hay que tener mucha paciencia. 🙂
¡Lo que es un poema es como se le quedan las manos de negras!
Estamos muy contentos, es maravilloso que se vaya moviendo tanto, quien lo iba a decir hace unos meses.

